El psicólogo Pablo Melicchio explicó cómo la presión social, la crianza y los imperativos del éxito pueden hacer que muchas personas se sientan fuera de lugar incluso al lograr sus metas. "Hay que tener cuidado con la sociedad del rendimiento", advirtió.
El síndrome del impostor es una sensación de no estar a la altura de los logros alcanzados, de creer que el éxito es inmerecido o fruto del azar. Para el psicólogo Pablo Melicchio (M.N. 24480), se trata de un fenómeno cada vez más frecuente, que puede abordarse desde el análisis de los deseos, la presión social y el contexto personal. "No es lo mismo el deseo que la realización del deseo", explicó, y propuso reflexionar sobre la autenticidad de las metas que perseguimos.
Según Melicchio, uno de los puntos clave es diferenciar los deseos propios de los impuestos por la sociedad. "Muchas veces los deseos tienen que ver con cosas impuestas. La crianza y la sociedad nos van poniendo pautas de vida", afirmó. En ese sentido, consideró que "nos cuesta definir cuál es nuestro propio deseo", lo que genera una desconexión con lo que verdaderamente queremos y, en consecuencia, malestar al obtener algo que supuestamente anhelábamos.
El especialista también advirtió sobre los riesgos de vivir bajo los estándares de la "sociedad del rendimiento", donde todo se mide por la productividad y el éxito. "Hay que tener cuidado, porque la perfección puede ser aplastante", sostuvo. Y agregó: "Si tenés un contexto súper exigente, todo va a ser inalcanzable". Para Melicchio, esa constante búsqueda puede derivar en frustración, ansiedad y agotamiento: "La ansiedad es el síntoma de la época".
Otro de los aspectos fundamentales es el vínculo entre el síndrome del impostor y la autoestima. Melicchio propone comenzar por el autoconocimiento: "Si tengo autoconocimiento y autoestima, sé lo que quiero o intento lograrlo. Pero si solo busco logros para inflar mi autoestima, probablemente eso no me llene". Aseguró que el equilibrio se alcanza al reconocer que no todo se puede lograr, y que "nadie tiene todo", sin caer en la trampa de la autoboicot ni en la exigencia desmedida.
Finalmente, el psicólogo remarcó la importancia de detenerse, cuestionar los mandatos externos y buscar espacios de bienestar. "Tenemos que hacer una pausa y preguntarnos si estamos donde queremos estar. Es más el ser que el tener", afirmó. Y concluyó: "Reconocer que hay un problema es el camino de sanación. Siempre que hay reconocimiento de lo que me pasa, puedo empezar a mejorar".